Hay etapas de la vida en las que confiar en Dios parece sencillo. Todo está relativamente en orden, las personas que amamos están bien y podemos mirar hacia adelante con cierta tranquilidad.
Pero la confianza se vuelve más difícil cuando algo cambia.
Puede ser una noticia que no esperabas, un problema familiar, una preocupación económica, la enfermedad de alguien que quieres o simplemente una etapa que parece prolongarse demasiado. Haces lo que puedes, esperas, oras, buscas una solución… y aun así no sabes qué va a pasar.
Es precisamente en esos momentos cuando pueden aparecer preguntas que quizá nunca imaginaste hacerte.
¿Por qué está ocurriendo esto?
¿Cuánto tiempo más va a durar?
¿Dónde está Dios mientras estoy atravesando todo esto?
Hacerse esas preguntas no significa necesariamente haber perdido la fe. Muchas veces significa simplemente que estás cansado y que necesitas encontrar una manera de continuar sin tener todas las respuestas.
VIDEO DE ESTA REFLEXIÓN
Una palabra del Hermano Mateo Gabriel
En este video, el Hermano Mateo comparte una reflexión sobre cómo seguir confiando en Dios cuando atravesamos momentos difíciles y no tenemos todas las respuestas.
Confiar en Dios no significa vivir sin miedo, tristeza o incertidumbre. Tampoco significa comportarse como si aquello que nos sucede no doliera.
La fe puede convivir con días difíciles.
Hay momentos en los que puedes sentir mucha confianza y otros en los que apenas consigues sostenerla. Incluso puede haber días en los que tu oración sea simplemente reconocer delante de Dios que estás cansado y que no entiendes lo que está sucediendo.
La confianza no siempre aparece como una gran certeza interior. A veces se manifiesta de una manera mucho más sencilla: decidir que, aunque todavía no veas el camino completo, vas a continuar dando el siguiente paso.
Cuando no entiendes lo que está pasando
Una de las cosas que más nos cuesta aceptar es no saber.
Queremos comprender por qué ocurrió algo, cuándo terminará una etapa difícil y qué debemos hacer para que todo vuelva a estar bien. Nuestra mente intenta encontrar explicaciones porque sentir que entendemos una situación nos da cierta seguridad.
Pero hay momentos en los que las respuestas simplemente no llegan.
En Proverbios 3:5-6 se nos invita a confiar en Dios con todo el corazón y a reconocer que nuestra propia comprensión no siempre alcanza para entender el camino completo.
Esto no significa dejar de pensar, decidir o buscar soluciones. Significa reconocer con humildad que nuestra mirada alcanza solamente una parte de la historia.
Hoy puedes no comprender aquello que estás viviendo y, aun así, elegir no perder completamente la esperanza.
Confiar no significa creer que todo saldrá como deseas
A veces confundimos la fe con la seguridad de que las cosas terminarán exactamente como queremos.
Pero confiar en Dios no consiste en garantizar un resultado.
Podemos pedir, esperar y desear profundamente que una situación cambie. Podemos orar por la recuperación de alguien, por una oportunidad que necesitamos o por la solución de un problema que nos preocupa.
Y al mismo tiempo podemos reconocer que no controlamos todas las respuestas.
La fe puede ayudarnos a atravesar esa incertidumbre sin convertirla en desesperación.
Confiar es poder decir: haré lo que esté en mis manos, pediré ayuda cuando la necesite y seguiré caminando aunque hoy todavía no conozca el final de esta historia.
Dios también puede encontrarte en tu cansancio
Muchas personas sienten que para acercarse a Dios deberían estar fuertes.
Piensan que deberían orar mejor, tener menos dudas o sentirse más seguros.
Pero no hace falta esperar a sentirte bien para acercarte.
En el Salmo 46:1 se presenta a Dios como refugio y ayuda en medio de las dificultades. La imagen no es la de una vida sin problemas, sino la de una presencia a la que podemos acudir precisamente cuando los problemas existen.
Puedes acercarte con cansancio.
Puedes reconocer que tienes miedo.
Puedes decir que algo te duele.
Puedes incluso admitir que hoy confiar te resulta difícil.
La sinceridad también forma parte de una relación de fe.
Da solamente el próximo paso
Cuando atravesamos una situación difícil, nuestra mente suele querer resolver inmediatamente todo el futuro.
¿Qué pasará el mes próximo?
¿Y si esto empeora?
¿Y si aquello que espero nunca ocurre?
Pensar continuamente en todos los escenarios posibles puede terminar agotándonos todavía más.
Tal vez hoy no necesitas resolver los próximos seis meses.
Tal vez necesitas pensar solamente en el próximo paso.
Si hay una decisión que puedes tomar hoy, tómala.
Si necesitas hablar con alguien, hazlo.
Si tu cuerpo necesita descanso, permítete descansar.
Si necesitas pedir ayuda profesional o acompañamiento, pedirlo no contradice tu fe.
Y si hoy no puedes hacer nada más, quizás simplemente puedas atravesar este día sin exigirte respuestas que todavía no tienes.
La confianza también puede construirse de esa manera: poco a poco.
Una oración para los tiempos difíciles
Señor, tú conoces aquello que estoy viviendo y sabes cuánto me está costando este momento.
Hay cosas que no entiendo y respuestas que todavía no tengo.
Dame serenidad para hacer aquello que sí está en mis manos y paciencia para atravesar aquello que hoy no puedo cambiar.
Cuando tenga miedo, acompáñame.
Cuando me sienta cansado, ayúdame a descansar sin perder la esperanza.
Y cuando no pueda ver con claridad el camino, ayúdame a encontrar la fuerza necesaria para dar solamente el próximo paso.
Amén.
No necesitas una fe perfecta
Quizás alguna vez pensaste que una persona de fe nunca debería dudar.
Pero hay momentos en los que creer no se siente como una certeza luminosa. Puede sentirse simplemente como seguir buscando a Dios aun en medio de las preguntas.
No necesitas comprender todo lo que está ocurriendo para acercarte a Él.
No necesitas esconder tu cansancio.
Y tampoco necesitas resolver hoy todo aquello que pertenece al mañana.
Puede que este momento sea difícil y que todavía quede camino por recorrer. Pero mientras avanzas, puedes permitirte decir con sinceridad:
Señor, hoy me cuesta confiar. No entiendo todo lo que estoy viviendo, pero no quiero alejarme de ti. Acompáñame mientras doy el próximo paso.
A veces una fe cansada que todavía permanece es también una forma profunda de confiar.